Avanzaba por camino real, cerca del río en donde crecen los ahuehuetes; cuando la caricia del viento gélido que vino del norte, me hizo detener.
Es difícil de describir, pero aquella corriente de aire taciturna, pesaba más que de costumbre; quizás porque en su ulular, arrastraba voces en un idioma inentendible, casi gutural, en las que misteriosamente, se escuchaba mi nombre.
Voces del Norte
Permanecí quieto por unos minutos, observando como se mecían las ramas de los ahuehuetes, y aproveché para culparlos de aquel extraño fenómeno. Seguí mis pasos hacia las ruinas mayas que se encontraban del otro lado del río, cuando las voces nuevamente descendieron, casi reptando, y se arremolinaron en mi persona.
Me sentí rodeado por sombras de personas, figuras que ya no pertenecían a estos tiempos. El peso de su presencia hizo que me agazapara, buscando protegerme de una violencia física inexistente. Cerré los ojos, intenté cubrir mis oídos, pero las voces iracundas resonaban en mi cabeza y la hacían palpitar, como si mi cerebro fuera a explotar.
Ruptura
Mi mente se quebró, mi respiración se hizo mas lenta, y mi cuerpo más pesado. Sin saber que otra cosa hacer, me entregué al abrazo de la oscuridad y la calidez de la inconciencia; mientras mi rostro besaba el suelo.
El cielo perdía sus matices naranjas para cuando me encontraron; inconsciente, a los pies de los ahuehuetes que nacen cerca del río.
Desperté sobresaltado. -Descansa, -me dijo el líder del campamento. -Saliste a la “hora mala” y te encontraron los “guardianes” de la ruina-. No tuve fuerzas para responderle o preguntar por lo que me dijo. Me entregué nuevamente a la oscuridad y soñé con las gentes de otro tiempo, que me observaban en silencio desde el otro lado del río, más allá de donde crecen los ahuehuetes.

Epílogo
En las rancherías y localidades rurales del sur de México, se habla de la “hora mala“, un momento en el tiempo y el espacio, en que el velo de lo mundano y lo sobrenatural se desvanece. En este momento, los humanos son víctimas de criaturas fantásticas y situaciones que desafían la lógica.
Los “guardianes”, son criaturas antropomorfas que en la cosmovisión de los pueblos originarios de México, cuidan “lugares sagrados” como: ruinas, cementerios, ojos de agua, cerros, entre otras.

