Trabajé como vigilante nocturno en una tienda Sanborns. Antes de tomar el trabajo, me habían advertido que en aquel lugar pasaban cosas sobrenaturales; pero hice caso omiso a todos aquellos comentarios.
Durante las primeras noches, no reporté ningún hecho extraño o fantástico, algunos ruidos como de pasos que se suelen guardar en lugares muy concurridos, pero nada significativo.
Fue por ahí de la segunda semana, cuando miré las cámaras y vi a una niña de quizás, unos 10 años, caminando por los pasillos de la librería. No me detuve a razonar lo que vi en los monitores, tomé mi linterna y fui al encuentro de la pequeña.
Al llegar al espacio busqué a la chiquilla en cada uno de los pasillos, pero no la encontré. Confundido, la llamé con un tono de voz amable, y me contestó “aquí estoy”, desde la sección de juguetes, por lo que en automático, me moví a aquel lugar.
Como no la veía, pregunté con el mismo tono de voz:
-Niña, dónde estás-.
-Aquí-, me respondió, mientras reía.
Ya algo molesto por su respuesta, elevé la voz y le advertí que de no mostrarse la acusaría con sus papás. No había terminado mi amenaza, cuando de pronto razoné, que demonios hacía una niña a las dos de la mañana, jugando escondidas dentro de la tienda, era algo imposible.
Desagradable sorpresa
Aterrado, pues entendí que aquello no era bueno, decidí regresar a los monitores, más no había dado los primeros pasos, cuando volvieron a llamarme:
-Aquí estoy-, y por inercia volteé.
En medido de la sección de juguetes, se colocaron varios muñecos y peluches, de entre ellos, una muñeca del tamaño de una persona, fijaba sus ojos plásticos en mí. Paralizado por la confusión, y aunque no le vi mover la boca, la muñeca me gritó “me encontraste”.
Solté un grito y corrí como poseído al área de monitores, en donde me encerré hasta la mañana siguiente, cuando presenté mi renuncia en aquella tienda Sanborns.

Tampico, Tamaulipas

