La viejita del piso de abajo

La viejita del piso de abajo

Oucrrió acá en Buenos Aires, Argentina; en un complejo departamental que solo conocí por esta historia. En aquel tiempo, llegó a vivir con nosotros una minita de Perú, amiga de la familia. Vino con la intención de hacer sus estudios en Capital y para bancarse la estadía, encontró laburo a las pocas semanas de haber llegado.

El laburo era sencillo, según ella, cuidar a un nene de 7 años que, según los propios padres, llevaba días comportandose de manera “terrible”. Lloraba en silencio apenas lo dejaban solo o le apagaban las luces, y se enojaba si hacían mucho ruido en el departamento. Tuvo la oportunidad de conocerlo antes de cuidarlo y a su parecer, aquel era un nene normal, quizás buscando llamar la atención, ya que los dos padres laburaban bastante por lo que siempre requería de niñeras para su ciudado.

Apenas llegó el juéves, la mina se presentó puntual al trabajo y decidió seguir al pie de la letra, las tres indicaciones de los padres: no hacer ruido, mantener todas las luces del departamento encendidas y nunca dejar solo al pibe. El viernes transcurrió de la misma forma, sin problemas; por lo que el sábado, ya con mas confianza agarrada con el nene, decidió aflojar un poco con eso de las reglas y dejar que se comportara como el pibito que era.

Después de cenar, jugaron con los muñequitos que tenía, a perseguirlo por toda la casa y a guerras de almohadas. El pibe se olvidó por un momento de sus problemas, corrió como locó, gritó y rio a mas no poder; hasta que el sonido de alguien llamando a la puerta le arrebató la alegría.

Ella, como no es boluda, no abrió de una. Preguntó quién era, pero no le contestaron. Solo escuchó un golpecito en la puerta. Después se escuchó la voz de una señora que le dijo, bastante seria, que por favor no hicieran tanto ruido, que ella vivía en un departamento en el piso de abajo, por lo que podía escuchar todo el ruido que hacían.

Mi amiga se quedó helada, pero desde la puerta le pidió disculpas y le dijo que ya se iban a acostar.

El piso de abajo

Al rato llegaron los padres, tipo casi la una de la mañana. Le preguntaron si todo había estado bien y ella les dijo que sí, que el nene se portó bien, que no hubo drama… solo que hicieron mucho ruido y que la viejita del piso de abajo había subido a quejarse.

Ahí los padres se miraron entre ellos y le dijeron:

—¿Qué viejita?

Y ella les explicó: que una señora tocó el timbre, le pidió que bajaran el ruido y le dijo que vivía un piso abajo.

Los tipos se pusieron pálidos. Posta.

Le dijeron que en ese departamento no vivía nadie… que estaba vacío desde hacía años. Y que la única viejita del piso de bajo que conocían, hacía un año que falleció.

Después le contaron que cuando ellos se mudaron, el nene tenía un año. En esa época, una señora mayor del edificio a veces subía a cuidarlo, como de onda, hasta que un día murió. Lo peor fue que los familiares la encontraron en su departamento como tres días después.

Mi amiga me dijo que desde ese día no volvió nunca más a cuidar al nene, porque le dio un cagazo tremendo todo ese tema de espíritus y esas cosas; además, creía que aquel nene estaba así, por la presencia de aquel fantasma que buscaba eterno descanso.

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